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Otro de William Pilgrim

ENCUENTRO

EN EL CAMINO

 

El escritor de origen franco-canadiense, nacido cerca de Boston, y el oriundo de San Francisco, con orígenes también canadienses y celtas. Uno, perpetuado en el extraño homenaje de una estampilla postal, motor de un movimiento contestatario que trató de negar la realidad; el otro, llevando el género policial hasta límites impensados, justamente para desnudar la etiología esencialmente criminal del sistema. Cada uno habla con sus propias palabras en una más que original recreación.

 

 

El comienzo de Encuentro en el camino entre dos viejos desconocidos, el relato del antropólogo norteamericano William Pilgrim, descendiente de chicanos y judíos, es por demás significativo, casi lo dice todo:

Tiene que haber sido en el 49. A mediados o un poco después porque el aire estaba todavía tibio. Era verano. Y según consta, Lew Archer venía de cerrar su primer caso importante y de reencontrarse con Kenneth Millar –a quien había conocido en Okinawa, durante la guerra, y que ahora se había instalado en Santa Bárbara, reiniciando una vida en todo sentido, a tal punto que ahora había empezado a firmar sus libros como John Macdonald o John Ross Macdonald, no le había entendido bien y no le había hecho mucho caso-, para mejor esa sensación reciente de la muerte. 

Tocar la muerte, había pensado en un momento, con horror.

             Sí, tiene que haber sido para esa época. Los comunistas chinos habían terminado tomando Pequín y proclamado una República Popular. Un total de 17 países, ante el avance rojo, habían formado la OTAN y como fin del gobierno militar se creó la República Federal Alemana, consagrando la partición. El presidente Harry Truman había anunciado formalmente estaba en condiciones de anunciar que los soviéticos habían hecho detonar su primera bomba atómica, aumentando el cada vez más creciente miedo y el macartismo. También estaba Puddler y lo demás. Las fechas, al menos, son coincidentes. Darse un remojón en el mar con traje, corbata y zapatos, al amanecer, no es una práctica habitual ni agradable, y Lewis Alfred Archer había ganado penosamente la blanda y húmeda arena de la orilla para tenderse allí sin importarle el frío que lo atería. Lo había hecho nada más que para recuperar el resuello. Amanecía sobre el Pacífico. Pero no había estado en condiciones de prestarle importancia a un hecho de tal naturaleza.

El bostoniano de origen franco-canadiense, Jack Kerouac, en el camino, por la época de su célebre novela y este mítico encontronazo con el bueno de Lew Archer.

Un TXT del enterriano Carlos Paty Suárez, el único argentino presente en el velorio y entierro de Jack Kerouac, a fines de 1969, es un incunable ahora exhumado con exclusividad. También las revisiones y proyecciones de la obra de Macdonald sobre la realidad argentina, a cargo de Amílcar Romero, más una bibliografía completa, sobre todo en castellano, del discípulo más fiel de Dashiell Hammett, cierran un volumen desusado, atractivo, que arranca con supuesto encontronazo en la ruta entre un policía resentido devenido a investigador privado con delirios mesiánicos y un joven automarginado que ya está arañando la gloria literaria junto con su derrumbe personal.

 

Para bajarse gratis la edición completa de

ENCUENTRO EN EL CAMINO 

de William Pilgrim

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